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UN VIRREY LIMEÑO EN EL VIRREYNATO DE MÉXICO PDF Imprimir Correo electrónico
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Historia Universal - Historia Universal
Escrito por Mariano Bequer- Dir. P. y Cultural   
Domingo 09 de Noviembre de 2008 09:15
Leyendo las Tradiciones Peruanas de Don Ricardo Palma (insigne Tradicionista Peruano), encontré esta Tradición que pienso es de importancia para ustedes:
La tradición se titula "El Virrey Limeño". La voy a transcribir no a "pedem literae" sino en resumen:

Don Juan de Acuña, hidalgo burgalés y caballero de Calatrava fué en los reinos del Perú, corregidor de Quito. De su matrimonio con la dama potosina (de la ciudad de Potosí en la actual Bolivia) doña Margarita Bejarano le nacieron varios hijos en la ciudad de Lima, entre ellos uno que le puso su nombre: Juan de Acuña y Bejarano nacido en 1658. A los trece años el niño Juan fué enviado a España a educarse. A los dieciseis ingresó a la carrera militar alcanzando a ser capitán general y virrey de Aragón y Mayorca. Luego de muchos méritos y su ascenso militar Fué enviado a América.
El 15 de Octubre de 1722 hizo su entrada solemne en México con el carácter de Virrey por orden de su majestad don Felipe V, el excelentísimo señor Don Juan de Acuña y Bejarano, Marqués de Casafuerte, Caballero de Santiago y Comendador de Adelfa en la Orden de Calatrava.
Este Virrey fué el más honrrado, enérgico, laborioso y querido entre los trentaisiete virreyes que hasta entonces tuviera la patria de Cuautémoc. No sólo lo dice Feijóo, Peralta, Alcedo y Mendiburu, sino el republicano e imparcial Rivera, historiador de los sesentaidos gobernantes y virreyes de la época colonial mexicana.
En 1732 el ministro de las Colonias le dijo al Rey que había que nombrar nuevo virrey para México. El rey sorprendido pensó que había muerto don Juan de Acuña y Bejarano. El ministro de las Colonias le informó que no había muerto pero que había enviado su renuncia fundamentada en que sus enfermedades lo imposibilitaban para firmar por tener el brazo paralizado. Entonces el rey expidió real cédula acordando al achacoso virrey de México una prerrogativa que igualaba a su majestad Felipe V y, ni antes ni después, hubo otro virrey con esa prerrogativa.
Refiere Galindo Villa (escritor Mexicano) que a los ocho dias de posesionado del mando, salió el de Casafuerte en compañía del capitán de su escolta a rondar la ciudad por la noche. Acababan de sonar las doce, cuando oyó su excelencia el tañido de una campana.
-¿De dónde es esa campana, capitán?
-Del Convento Franciscano de San Cosme, excelentísimo señor.- contestó el interrogado.
-¿Y a qué tocan los frailes?
- A maitines, señor. Tocan... pero no van- añadió el acompañante, haciendo énfasis en las últimas palabras.
Quiso su excelencia convencerse de hasta qué punto era fundada la información y se dirigió a la iglesia. Se detuvo en el átrio, vió el iluminado coro, oyó el monótono rezo de los frailes, se apagaron después las luces, entonóse el miserere y empezaron los frailes a disciplinarce recio.
Volvióse entonces el virrey hacia su acompañante y le dijo: -¡Capitán! ¡Capitán! No sólo tocan y van sino que también se dan.
Desde ese momento el de Casafuerte se declaró protector entusiasta de los franciscanos.
El 17 de marzo de 1734 y después de once años y medio de gobierno, a los sesentiseis años pasó su espíritu a mundo superior, pero antes había dispuesto en su testamento que se le sepultase en el Convento de San Cosme.
Los historiadores mexicanos siempre que se ocupan de su Virrey Marqués de Casafuerte le dan el título de Justiciero, dictado con el que se inmortaliza el nombre del Virrey Limeño.

Mariano Bequer.
Director Póético y Cultural.